No lo sabes...

Ahora mismo estás tomando café en el Bar Estaciones. Yo llevo toda la noche sin dormir, y los nervios me han ido royendo poco a poco... Ahora mismo soy como un flan.

Sigo sin saber muy bien qué regalarte, aunque te haya dicho que tengo una sorpresa esperándote. ¿Quieres que te cuente mi idea? Te la voy a contar...

En cuanto acabe de escribir esto iré a Valencia. Probablemente (seguro) estará todo aún cerrado... Son las 8.09 ahora mismo. Podría esperar, salir de casa más tarde, cuando ya haya sitios abiertos; podría si no estuviera a punto de reventar de lo nerviosa que estoy.

Parece una tontería. Cuando nos conocimos no estaba tan nerviosa como esta vez... Pero es que me gustaría que por una puñetera vez saliera todo bien, ¿sabes?

Cuando llegues, después de 2 noches sin apenas haber dormido ni media hora, y de 8 horas de bus, yo estaré esperándote con mi mejor (y congelada) sonrisa, el Premio Planeta de Eduardo Mendoza en una mano, y puede que una flor (si me decido) en la otra.

Más tarde llegaremos al hotel, para que te duches. Mientras te duchas yo escribiré con velas TE AMO en el suelo de la habitación, y echaré los pétalos de rosas rojas que voy a comprar ahora luego por encima de la cama (lo de ponerlos en forma de corazón ya me parece demasiado maricón hasta para mí).

En la mesilla de noche habrá una botella de cava, con 2 copas y una cartita que te he escrito.

Como fondo musical habrá una lista de reproducción en mi ordenador con el Concierto de Aranjuez, el Capricho No. 24 de Paganini con Julia Fischer al violín, tus arias preferidas de María Callas, y música de jazz para cuando ya no hagamos mucho caso de la música.

Yo estaré esperando en el sofá cuando salgas de la ducha, haciendo como que no me entero de nada y el asunto no va conmigo, mientras los nervios me muerden el corazón.

...

Esa es mi idea. Ahora falta que me salga la cosa bien...

Te quiero. Eso sí lo sabes... :)

A buena hora.


A buena hora te das cuenta... Pero lo siento. Bueno, realmente no lo siento. Tú ya no eres esa persona, si es que alguna vez lo has sido.

Ahora, a buena hora, he encontrado a quien me hace feliz de verdad, a quien me llena. A esa, ESA, persona que se supone que todos "tenemos que" encontrar en el mundo. Y no, no eres tú, y me alegro de que no lo seas. Si te idealicé fue error mío.

Tengo la suerte de no necesitar idealizarla. Con sus defectos, sus manías, sus debilidades y sus errores, la adoro. Y lo mejor es que no necesito fingir que soy perfecta, o que ella lo es. La imperfección es inherente a nosotras... Y no me importa.

Bihotzez maite zaitut, maitia.

Tiempo.

Si, supuestamente, el tiempo es una magnitud cuyo flujo es invariable, y cuya medida es la misma para cualquier observador (salvo en mecánica relativista, donde el tiempo se "expande"); y teniendo en cuenta que yo no viajo a la velocidad de la luz, ni a una velocidad próxima a ella, y que, por lo tanto, los efectos relativistas son ínfimos y despreciables en mi situación con respecto del tiempo...

¡¿¡¿¡¿¡¿¡¿Por qué estas 24 horas se me están haciendo así de ETERNAS?!?!?!?!?!

Seguridad.

Desde el mismo momento de nuestra concepción, los humanos estamos "diseñados" de forma que busquemos la seguridad.

Tras el parto abandonamos el útero materno, con todas sus comodidades y seguridades, y salimos al mundo. Y lo primero que hacen, después de gritar sonriendo con cara de bobos "¡Es una niña!", es darnos un cachete en el trasero. Dicen que tras el dolor del parto (del bebe durante su nacimiento nacimiento, no de la madre al parir), que es el mayor dolor que una persona experimenta a lo largo de su existencia (hablamos de la norma, no de casos excepcionales); la primera bocanada de aire que respiramos es de las cosas que más duelen en la vida.

A partir de nuestro alumbramiento, la mitad de nuestras preocupaciones en la vida serán sobre la seguridad, cuando no una cantidad mayor. La necesidad de seguridad que de pequeños nuestros padres nos inculcan ("María, no te subas ahí", "María, no toques a ese perro", "María, no saltes a la piscina sin manguitos que te puedes ahogar... ¡Te he dicho que no saltases sin manguitos!", y un laaaaargo "etcétera") nos acompaña durante nuestro periplo en este mundo.

Necesitamos una seguridad física, por así llamarla. Sentirnos seguros en casa, a salvo de percances perjuiciosos para nuestra salud e integridad física. Asimismo, necesitamos una seguridad económica, que nos permita vivir sin excesivos sobresaltos el consumo del día a día, y la satisfacción del resto de nuestras necesidades. También necesitamos una seguridad "social", entendiendo como esto un grupo más o menos estable de personas en que podemos confiar y con cuya ayuda podríamos contar en caso de necesitarla por uno u otro motivo (la familia, los amigos cercanos...).

Por último, necesitamos una seguridad emocional. Que nos vamos a llevar palos en la vida lo aprendemos bien pronto, como dije antes. Sin embargo, a todos nos queda la esperanza, y el deseo, por qué no, de pasar una vida tranquila, encontrar a alguien, o a varios "álguienes", con quien pasarla, y más o menos ser feliz.

No obstante, las preocupaciones por la seguridad no se limitan a la nuestra propia, sino también a la de unas pocas personas de nuestro entorno. Padres, hijos, hermanos (incluyo aquí a esos amigos que acaban siendo hermanos no genéticamente definidos), parejas... Poco más, realmente. Y es que hay personas cuya seguridad antepondríamos a la nuestra si fuese necesario.

Hoy daría lo que fuese por estar a kilómetros de aquí, abrazándola... No os equivoquéis. No hay, ni habrá nunca nada que dé una mayor sensación de seguridad que un abrazo sincero y sentido, en silencio.

So happy together - The Turtles.


I can't see me loving nobody, but you, for all my life.
No puedo verme amando a nadie, salvo a ti, durante toda mi vida.
When you are with me, baby, the skies will be blue, for all my life.
Cuando estés conmigo, cariño, el cielo será azul, toda mi vida.

Me and you, and you and me.
Yo y tú, y tú y yo.
No matter how they toss the dice, it has to be.
No importa cómo lancen el dado... Esto tiene que "ser".
The only one for me is you, and you for me...
La única para mí eres tú, y tú para mí...
So happy together...
Tan felices juntas...

Rutina.

Me levanto, cojo un batido (de los de los niños, con cosas para crecer y hacerte listo, jajajaja), un croissant y una naranja. Vuelvo a la habitación. Recuerdo que se me ha olvidado encender el calentador. Enciendo el calentador, vuelvo a irme a la habitación y me meto en la cama de nuevo. Se está calentita aquí. Va siendo hora de dejar los pantalones cortos en el cajón y empezar a utilizar los pijamas para andar por casa. Abro y leo un par de periódicos en internet. Hago una lista de reproducción de música. La pongo. Elijo qué ropa ponerme y la preparo para llevármela al baño. Cojo los calcetines, que se me olvidaban, como todos los días. Voy al baño. Me ducho. Hace frío al salir de debajo del agua. Me pongo el pelo de punta mientras me seco. Me planteo dejármelo así. Pienso que parezco algo extraño, y me peino (o sea, me paso la mano agachándolo). Me visto. Vuelvo a la habitación. Me pongo los deportivos mientras apago el portátil. Comienza la rutina.

Oportunidad.

Si tuvieses 5 minutos para decir lo que quisieras, y que te escuchase absolutamente todo el mundo... ¿Qué dirías?

Es inevitable.

Hace unos años, esperando a que mi amigo, y vecino, Rubén llegase a su casa, hablé con su madre. Él venía de ver a su novia, que vive en el pueblo de al lado, y con la que ya llevaba un tiempo. No recuerdo muy bien cómo, hablábamos del instituto, de las cosas que hacía, de los proyectos que tenía en mente, y derivó en el tema del amor.

Mi vecina sólo ha "tenido" un hombre en su vida, su marido. Según ella, desde que lo conoció supo que era con él con quien pasaría su vida, y que le dio miedo, porque supo que era inevitable desde el momento en que lo miró a los ojos. Hoy día creo que llevan como 30 años casados.

Según me contó, conoces a muchas personas en tu vida, pero una, sólo una, y con suerte, pues no todo el mundo la encuentra, la marcará a fuego, y la convertirá a medias en suya. Esto no pasa con el tiempo, no es ese amigo de toda la vida con el que acabas teniendo una relación, ni la chica de tu clase con la que decides darte una oportunidad al acabar el curso... O talvez sí lo son. Pero, si es como ella me dijo, en el momento en que tus ojos y los suyos se cruzan, lo has perdido todo... Cupido, una vez más, ha hecho diana, y tú eras hoy su objetivo.

Cuando te sientes tan "de alguien", tan poco tuyo, es normal sentirse abrumado al principio. Saber que no tienes elección asusta, es cierto. Pensar en que puedes haberte conformado en lugar de esperar algo mejor puede hacer que te sientas inseguro...

La realidad es que soy tan mía como siempre, pero ahora no soy yo sola, sino que soy, en parte, ella; igual que ella es en parte yo, y mía. La realidad es que la única elección que siempre haría, sería elegirla a ella, sin que me temblase el pulso al decidir. La realidad es que ni siquiera puedo concebir que haya algo mejor que lo que ya tengo, así que no sé a qué esperaría... La realidad es que hace 57 días, 9 horas y 55 minutos que el muchacho me acertó con su saeta, y que ella me robó, y yo le entregué, mi corazón y mi alma.

El tiempo... Aliado y enemigo, dependiendo del punto en que se encuentre. El tiempo, y su obstinado paso regular que hace las esperas eternas y luego decide hacer como que vuela cuando la miro a los ojos. El tiempo, que ha supuesto el mayor de los escollos... El tiempo, mi tiempo, que es lo único que me queda por ofrecerle, porque ya le he entregado cuanto soy.

Una frase que escuché el otro día en una película (Boy Culture) decía:
¿Qué hacer cuando la persona ideal aparece demasiado pronto? Agárrala. No existe tal cosa como "demasiado pronto".
Y, por eso, no tengo miedo... No me da miedo equivocarme, sé que no lo hago; no esta vez. No me da miedo sufrir, porque no reprimo el ser terrible y completamente feliz; si llega algún día, el sufrimiento valdrá la pena por haber vivido y sentido esto. No me da miedo perderla, ya forma parte de mí... Y me aferro a ella como a un clavo ardiendo, porque, simplemente, la amo.

Desde aquel 10 de octubre, lo sé... Soy suya. Es inevitable.

Yo no nací sino para quereros...

Escrito está en mi alma vuestro gesto,
y cuanto yo escribir de vos deseo;
vos sola lo escribisteis, yo lo leo
tan solo, que aún de vos me guardo en esto.
En esto estoy y estaré siempre puesto;
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.
Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida,
por hábito del alma misma os quiero.
Cuando tengo confieso ya deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir, y por vos muero.
                    Garcilaso de la Vega - Soneto V